Después de demasiado tiempo, el Gobierno ha presentado un proyecto de ley de carrera docente.
No hay duda que es de primera importancia para una educación de calidad que los profesores y las profesoras están adecuadamente preparados, remunerados con justicia y tengan un desarrollo profesional que evite el éxodo de los buenos profesores hacia otros trabajos.
Según la información disponible, este proyecto de ley tiene demasiado carencias y deficiencias.
Sólo destaco la propuesta de vincular la remuneración del profesor a los logros en las pruebas estandarizadas, como el SIMCE.
Esta propuesta tiene, en mi opinión, al menos dos reparos:
1) El peligro de reducir la educación a las pruebas estandarizadas;
2) El peligro de desconocer la importancia del capital cultural de la familia.