Durante los siglos 18 y 19 se fundaron varias congregaciones religiosas, de hombres y mujeres, con el objetivo educar a niños y niñas pobres.
Recientemente, el Concilio Vaticano II y las Conferencias de los obispos de América Latina declaran que la educación católica debe contribuir a la justicia social y que debe optar por los pobres.
¿Qué constatamos en los hechos en Chile? Muchas escuelas católicas se alejan de las declaraciones oficiales y seleccionan a sus estudiantes por motivos económicos, por resultados académicos, por capital social de las familias o por prácticas religiosas de las familias.
Muchos datos se encuentran en la Revista Mensaje nº 611, de agosto 2012, que concluye así:
"¿No habrá llegado la hora, para la escuela y toda la educación católica, de dar pasos hacia una mayor radicalidad evangélica?"
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