Una mujer me conversa que tiene una relación de pareja con un sacerdote católico. Siente alegría y felicidad pero a la vez preocupación por el futuro de la relación, ya que el sacerdote no sabe como decidir ante los dilemas que se le presentan.
Creo que deberían existir dos formas de ser sacerdote: célibes y casados. Son formas complementarios, cada forma tiene sus fortalezas y debilidades.
En algunos países latinoamericanos los diáconos casados cumplen (casi) las mismas funciones del sacerdote: son animadores de comunidades, celebran la liturgia y apoyan el servicio social de los cristianos.
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