sábado, 8 de agosto de 2015

El inmigrante de Haití

Voy a cargar bencina.
La persona que me atiende, de color negro, me saluda con la frase de rigor: "Bienvenido a COPEC. ¿Cuánto va a cargar?" Pero su lenguaje corporal no me habla de una bienvenida.
Luego viene otra frase aprendida: "Señor, le limpio los vidrios". Respondo "No, gracias". Su lenguaje corporal me decía que no tenía ganas de limpiar los vidrios.
Viene el llenado del estanque de bencina, y el pago. Todo con actitud displicente.
Me despido "¿De qué país viene?". Responde "De Haití".
Le deseo lo mejor en Chile.


Después pienso: ¿Tendrá nostalgia? ¿Otras dificultades? ¿Le afecta el clima frio del invierno chileno? ¿Le será difícil integrarse?


La vida del inmigrante no es fácil. Gobierno, municipio y la ciudadanía debemos facilitar la integración.



No hay comentarios: